¡Dios está en mi mente! by Alexandra Gonzalez

Es difícil resumir la historia completa de 35 años, sobre todo cuando en el camino de la vida nos enfrentamos a tantas dificultades.  A mis 28 años, fue cuando abrí mi mente lo suficiente para recibir información que cambiaría para siempre mi manera de vivir en este mundo .


Ésta es una historia de gratitud. Porque después de tocar fondo y de pasar por momentos muy amargos y dolorosos - a una edad bastante temprana - pude hacerme la pregunta que dio paso a la espiritualidad. Es invaluable lo que esto ha traído a mi experiencia; y poder agradecer todo lo que me llevó a ese momento es el inicio del Perdón en mi camino. 


Desde pequeña he sentido la presencia de Dios de una forma amable, porque mi abuela materna era muy religiosa y lo mencionaba bastante a menudo, y solíamos rezar juntas por las noches. Mi abuela paterna era muy estricta con la costumbre que nos inculcó de ‘pedir la bendición’ al llegar y al salir de casa. “Pida la bendición, Alexandrita” solía decirme siempre. Tengo el recuerdo de haber tomado decisiones que, aunque en ese momento no entendía del todo, me dieron la certeza de su acompañamiento. Hay dos anécdotas que me marcaron en el camino y se las quiero contar.  


La primera historia fue cuando tenía nueve años. Recuerdo que le prometí a Dios que si ayudaba a alguien importante en mi familia - que en ese momento estaba pasando por un problema legal difícil -, me dejaría de chupar el dedo pulgar (hábito que tenía desde que era una bebe). Así pues, logré hacerlo y dejé de chuparme el dedo. Cuando estaba dormida y me chupaba el dedo, soñaba con eso y me despertaba. Adormilada y en plena madrugada, me sacaba el dedo de la boca y Dios me dió la ayuda que necesitaba. Eso marcó mi vida para siempre.


Un poco más grande, entre los doce o trece años de edad, me di cuenta de que estaba maltratando mucho a la hermana que me sigue y le prometí a Dios, que no la maltrataría más. Sentí su respaldo en mi decisión y desde ese día dejé de llamarla por su nombre, y ahora le digo hermana. Ese gesto de cariño, incluso hoy en día, continúa siendo una característica de nuestra  relación.


Escribiendo esto me doy cuenta de que tengo nítidas en mi mente todas las decisiones que he tomado con el Espíritu y me alegra mucho que sea así. 


El Curso de Milagros en mi camino


En febrero de 2014 me encontraba viendo un programa matutino de televisión Venezolana llamado “La Vida es Hoy”. Era un espacio que dirigía un hombre muy admirado por mi y que daba estrategias terapéuticas que ayudan a transitar por la vida. Un día mientras escuchaba el programa, estaban entrevistando a Rosa María Wynn (Maestra de Dios - traductora de UCDM al español) y recuerdo que entre las frases que dio en su entrevista dijo:  “Los venezolanos tienen que decidir de una vez y para siempre de qué lado están”. Recuerdo que en ese momento ardía Troya en la política venezolana y lo primero que vino a mi mente fue pensar sobre el riesgo que corría la señora Wynn al decir eso en televisión pública; pensé en que incluso podrían cerrar el canal de televisión. A los segundos, Rosa María completó su oración diciendo: “Los venezolanos tienen que decidir estar de una vez y para siempre del lado del amor”. Y esa verdad, así de simple como suena, retumbó en la chispa de mi cordura e hice lo necesario para poder asistir a un taller de 3 días que ella dictaría al día siguiente de la entrevista.


Primero llamé a dos de mis amigas más cercanas que compartían el gusto por el terapeuta del programa de televisión, pero ninguna de ellas quiso asistir conmigo, así que decidí llamar a mi tío y socio “para darle la orden” de que iríamos. Yo imaginé que no iba a querer pero, para mi sorpresa, ¡me dijo que sí!. Al día siguiente nos dirigimos al lugar del encuentro y había mucha gente mayor y muy cariñosa. Mi tío y yo éramos, sin duda, las dos personas más jóvenes entre los presentes. De repente salió la maestra Rosa María Wynn con un traje azul índigo que recuerdo bastante bien. La vi caminar con esa mirada tan amable, las más amable que hasta hoy he tenido la dicha de contemplar. Fue ese día cuando me fueron reveladas las verdades de mi vida: Rosa María nos bañó de cordura, nos vio ahí mismo, más allá de lo que aparentamos ser y me dio el mensaje de Jesús que caló en mí para siempre. Es imposible recordar a esta mujer sin que se me dibuje una sonrisa en el rostro. Te bendigo eternamente, amada maestra. 

Más adelante asistí con mucho entusiasmo a un círculo de lectura del Curso de Milagros en Caracas, Venezuela y al año siguiente estando embarazada de mi primera hija Sanat, tuve la oportunidad de hacer la última formación para maestros de Un Curso de Milagros que dictó Rosa María en México; lugar en el que me comprometí, guiada por mi maestra, a que iba a perdonarlo todo, no importa que fuera. ¡Vaya compromiso! Y todavía lo sostengo junto al Espíritu.  


Con el pasar de los años una amiga muy importante para mi, Bianca Castillo, y quien ha estado casualmente (o causalmente) conmigo durante todo este tiempo, me hizo el planteamiento de darle inicio a nuestra profesión al servicio del Espíritu como estudiantes de Un Curso de Milagros y pues aquí vamos: dispuestas a compartir lo que hemos aprendido durante estos años y a perdonarnos... no importa qué. 


Me imagino nuestra relación en el futuro y espero que podamos vernos a los ojos como se veían Rosa María y Lisbeth Palmar, nuestras maestras. Es importante destacar que ambas acabamos de capacitarnos como terapeutas del Espíritu bajo la ética retrospectiva de Un Curso de Milagros. Dicho estudio lo dictó nuestro actual maestro de Dios en este plano, Jose Luis Molina, con quien estamos eternamente agradecidas. 


Y aquí me encuentro, dispuesta a servir acompañada de un guía y un ejemplo a seguir: el Espíritu Santo y Jesús. 


¡Vamos juntos!

Alexandra 



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